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BlogRoll

20160329 09:24

Lectura aproximada: 3:27

HuntTrip
 
Hoy ha salido una aplicación nueva en el mundo de la productividad personal. Por fin existe un equipo de desarrolladores que ha sido capaz de encontrar el equilibro exacto entre la tecnología y el método de productividad. Resulta gratificante saber que en este mundo de la productividad personal no estás solo y más allá del rarito de la clase, eres un objetivo potencial para una empresa nueva y joven que se ha abierto un nicho en este camposanto de la productividad, donde nos tienen tan maltratados y olvidados.

El diseño es alucinante, es sobrio y al mismo tiempo fresco. No puedo identificar en que gestor de ventanas está basado su interficie, porque distingo muchas pinceladas de cada uno de ellos, pero no es algo que confunda, sino que da esa sensación de bienestar como para no querer salir nunca de la aplicación. Los colores son totalmente configurables y te pierdes en los temas que trae de fábrica, así como aquellos que puedes hacer tu mismo y compartir con la comunidad.

¿Qué decir de su forma de trabajar? ¡No podría ser más sencilla! En pocos clicks ya tienes introducida tu lista de siguientes acciones, los “disparos” como se llaman aquí le dan esa potencia que hace querer ya hacer cada uno de los “disparos” y seguir avanzando en tu productividad. Aunque al principio asusta, puedes importar “punto de miras” para reunir tus “disparos” y de esta forma podrás verlo en tu pantalla de “caza”, que puedes filtrar por infinidad de posibilidades y como no, puedes crear tus propios filtros. Así que cuando creas una “partida” para ir de “caza”, ya tienes todos tus “disparos” preparados.

Si, lo sé. La traducción de los términos no es la más adecuada, ya les he enviado un mensaje al respecto para saber porque traducen como “disparos” lo que todos conocemos como acciones. Que una “caza” no es más que un filtro en la búsqueda de tus acciones y sus “partidas”, son lo que el pueblo conoce como vulgares carpetas o proyectos. Cada vez que lo leo, me imagino mi productividad con colores e camuflaje y con un silbato para patos.

Bromas aparte, existe el silbato (para patos) y no es más que un avisador inteligente y programable (con su propio lenguaje script y visual) para cuando delegas las tareas a otros compañeros, porque en la versión gratuita puedes delegar hasta una persona, mientras que existen versiones de pago, donde se extiende el anillo de confianza, dependiendo del grupo de “partida”.

Afortunadamente para no perderte, existe el “mapa” (que igualmente puedes compartir con tus compañeros de “partidas”) donde van todos aquellos “disparos” que tiene una ocurrencia finita. Vamos, el tan manido calendario. Pero me gustan como lo han hecho. No es la típica visión aburrida agrupada en semanas, sino que recuerda más a una especia de “Second Life” donde vas paseando por diferentes parajes. El “mapa” aporta un singular sentido a las “partidas” y los “disparos” pueden hacerse con mayor facilidad, una vez que tienes clara cuál es tu “punto de mira”.

Después de una curva de aprendizaje leve, te sumerges completamente en cada “partida”. Resulta extraño al principio, estamos acostumbrados a las típicas listas con sus entradas, pero gracias a esta nueva herramienta, todo es mucho más visual e intuitivo, todo parece más realistas, no me extrañaría que pronto sacasen un módulo de realidad aumentada y hacer de cada “partida”, tu día a día con el uso del dispositivo, porque afortunadamente es compatible con la mayoría de dispositivos.

Yo creo que esta será la herramienta de productividad personal definitiva, ha reinventado completamente el concepto, sin abandonar la potencia del usuarios. No importa si tienes que hacer varios clicks de más, se agradece un control tan elevado sobre tu vida, que favorece ser productivo en todo momento. Aunque los cien euros mensuales pueden alejar a más de uno, el precio compensa completamente su edición básica. En su cuenta de twitter suelen ofrecen cupones de descuentos.

¿De verdad necesitas la última y novedosa herramienta de productividad que ha salido al mercado para sentirte más seguro de ti mismo? ¿De verdad es tan fácil engañarse a sí mismo? No abandones la base y nunca te sentirás inseguro.

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20160325 16:22

Lectura aproximada: 4:19

Violencia
 
Estamos demasiado bien influenciados con la creencia de las bondades de la productividad personal, así como de la persona que es productiva y ejecuta con maestría y sin atajos dicha arma. Solemos confiar en que son personas resolutivas, bondadosas, de buenas intenciones para conseguir que los proyectos lleguen a su triunfo. Nos dejamos llevar por esa imagen tipo Disney o BayWatch, de personas que son capaces de llegar a salvar el proyecto por su seguridad, voluntad, firmeza, ejecución. Pero no os dejéis engañar, esos sucios cabrones productivos son seres crueles y despiadados, sin alma y con un único lucro: ellos mismos.

Efectivamente, la gente productiva puede hacer maravillas con lo que tiene entre manos, pueden conseguir proyectos que nosotros solo hemos tenido en húmedos sueños. Eso es indiscutible, todos lo habéis vivido en propia carne, cuando en el último momento aparece ese compañero que si utiliza un método de productividad personal (y no estoy hablando de mamarrachadas de gestión del tiempo o prioridades, hablo de armas potentes) con ese informe resolutivo, con esa presentación salvadora, con ese “salgo a mi hora porque he terminado”… ¿terminado? ¿Existe tal palabra dentro de cualquier proyecto?

¿Pero como narices lo han logrado? Efectivamente, han jugado sucio, muy sucio. Ni os imagináis las cosas que han llegado hacer. Comenzando por recopilar información, porque creedme cuando os digo que lo han recopilado todo. Saben cuántas veces has ido al baño esta mañana, saben lo que hiciste ayer en el aniversario con tu esposa, saben que tu gato aún no está totalmente desparasitado, lo saben todo. Recopilan no solo el olor de ese pedo silencioso que te has tirado disimuladamente en el ascensor, sino que conocen con exactitud su composición química, su velocidad de propagación e incluso han sido previsores en apartarse de tu lado, cinco segundos antes de que te tiraras el pedo. Lo recopilan TODO. Es aterrador. Lo sé. Pero lo peor, es que utilizan esa información para fastidiarte la vida.

Tu estas trabajando tan tranquilamente leyendo el periódico como cada mañana y aparece “él rarito productivo” de la oficina, con esa maliciosa sonrisa en los labios, una carpeta en la mano derecha que te extiende y en una cacofonía de sonidos te explica lo que tienes que hacer, como lo tienes que hacer y que debes hacer después. Cabrón. De entre todos los enmarronables te ha escogido a ti, no por azar, no por putear (bueno, sí, por esto sí), sino porque conociéndote como te conoce, sabe que tú eres la persona más adecuada para delegar ese trabajo. Te sientes como una mierda, menos que una mierda, porque sabes que tienes que trabajar y encima lo harás bajo su supervisión que será jodidamente perfecta.

Pero esto no quedará así. Al grito de venganza, acumulas trabajo para devolvérselo, gracias a la biblia por su “ojo por ojo”. Un buen día te alzas de tu silla calentada por las horas de ociosidad, vas a su sitio y le indicas que tienes que delegarle el trabajo X fundamental para el proyecto Y, la vida de la princesa depende de su resultado y te dice: NO. Te suelta dos letras unidas que no aparecen en tu diccionario: ¡NO! ¿Existen esas palabras juntas en el ambiente laboral? Pero eres terco e insistes de nuevo, con el mismo muro: NO. El gilipollas repelente te da sus razones, te explica el por qué y para desmoralizarte te indica que puedes dárselo al compañero M, que es la persona más indicada para desvirgar vírgenes princesas. Lo jodido no es admitir que tiene razón, lo que te mata es que hechizado haces lo que te dice.

Esto aún no se lo he contado a nadie, pero una vez que estuve sentado a su lado, lo vi como hacía cosas satánicas. Estaba borrando tareas. B-O-R-R-A-N-D-O. Tal como se deletrea. Con toda la implicación legal que conlleva, las eliminaba sin compasión, sin remordimientos y luego vaciaba la papelera, juraría que lo vi sonreír. Tuve miedo. Por muy poco estuve a punto de perder el control de mi esfínter, pero lo retuve.

En un café después de la comida, me reconoció en un ataque de sinceridad que era un vago, que no le gustaba trabajar, que hace lo menos posible, porque en la vida tiene más metas, que tiene una familia con la que hace frecuentes viajes, con la que se divierte, con la que hace planes a largo plazo. No entiendo lo que significa tener otra vida. A no ser que se refiera a llegar al final de la cansada jornada laboral a cuatro paredes a la que llamas casa y que compartes con una adulto y algún que otro niño-adolescente, para escuchar sus problemas y necesidades que te obligan a trabajar más y más. Pero el cabrón, se regodea diciendo que allí donde estés tienes que ser productivo.

Escribo este artículo desde el anonimato que me ofrece internet para que esos sicarios no me puedan encontrar, porque sé que desvelando la verdad estaré en grave peligro. Pero estas letras son toda la verdad que he aprendido y visto con mis propios ojos, ahora os dejo a vosotros la responsabilidad de utilizar esta información, como vosotros creáis conveniente, seguro que en vuestra realidad, habrá más historias espeluznantes. Ya sabéis la verdad.

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20160323 08:00

Lectura aproximada: 2:33

molde
 
Ya de todos es sabido que la productividad personal no se hace de la noche a la mañana. Se ha hablado ya de los cambios internos que tiene que afrontar la persona para sobrevivir a la nueva visión de su propio mundo, que se abre de forma diferente cuando es capaz de cuantificar sus responsabilidades y eliminar la subjetividad de sus decisiones. En cada persona el cambio es diferente, pero aunque el proceso sigue el mismo camino de un pacto consigo mismo, la fuerza que empuja a cada uno de esas personas pre-productivas es distinta.

Lo interesante, es que aunque los principios son los mismos, el desarrollo del método de productividad, cada uno los ejecuta de forma bien diversa. Resulta curioso ver como son las revisiones semanales ajenas o el control de la lista de siguientes acciones de otro compañero, en muchos casos, son mundos totalmente opuestos. Porque aunque se desarrollen bajo los mismos principios, el condimento que cada uno aporta a su ritmo de vida, lo hace diferente. No juzgo si está bien o mal, cada uno cubre sus necesidades con su propia inventiva, mientras la envidia ya trabaja en segundo plano para hacer cambios.

Muchos aún no comprenden que se enseña una metodología, para aprender un estilo de vida. Que el ser humano necesita unas directrices a las que abrazarse para comprender que su ahora reino del sanguinario caos, es sólo la prehistoria de su futuro productivo. Que la verdad de la productividad personal no consiste en objetos materiales o logros en forma de medallas doradas, porque sólo hay un claro camino en encontrar el equilibrio consigo mismo. La verdad de la productividad personal es alcanzar esa creatividad que la mente es capaz de aportar, después de despejar todas esas absurdas obligaciones (auto)impuestas, que via sociedad nos empequeñecemos cada día.

Por ello la productividad personal no es una herramienta de trabajo, ni una guía de hitos en un trazado plan. Es un cambio constante en uno mismo, donde se van puliendo esas pequeñas imperfecciones que nos han enseñado desde pequeños. Desafortunamente esta nueva forma de vida nos alcanza en la madurez de conocimiento, después de quemar los primeros años en locas aventuras con prioridades y urgencias, con gestiones de tiempo baratas encontradas en quien sabe que sucia esquina.

Al mostrar nuestra productividad personal a los demás, no estamos dando un buen ejemplo de los principios, sino una visión distorsionada de lo que hemos adoptado como nuestro. Porque aunque sus principios nos dan suficiente margen para amoldarlo a nuestras truculentas necesidades, son siempre sólidos principios que hemos de tener claros para que en la perversión del camino, no caer en tentaciones de métodos ajenos o tecnología suplantadora de procesos, a los que estamos siempre bien predispuestos, por el bien de perfeccionar nuestro sistema de productividad.

Cuando se creó el método, se rompió el molde y ahora cada uno se recompone a si mismo con más empaste que piezas reales, volviendo una y otra vez a romperse a si mismo, para arraigar más profundamente sus principios. La persona productiva se reafirma a si misma, con cada una de sus acciones.

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20151201 12:16

Lectura aproximada: 2:19

Sísifo
 
Llámame Sísifo, porqué así es como me siento cuando miro la interminable lista de proyectos y acciones por hacer. Una lista ordenada de posibilidades para hacer en el contexto adecuado, te esperan saltando de alegría por estar reunidas todas: hermanas, sobrinas y algún nacimiento inesperado que ha llegado con la resaca de la última revisión. Esas listas de profunda fe que uno tiene en sí mismo, con la esperanza de alcanzar los proyectos, muchos de ellos no dejan de sorprenderme por su descaro, camuflados en los más cotidianos.

Porque esas ordenadas acciones reclaman tu atención como impulso reflejo, así es como se vive la productividad con normalidad, como una parte de tu ser que se desenvuelve con el entorno, acoplándose sedosamente a las contingencias, esa música que te hace bailar con pasos de un-dos-tres un-dos-tres, una coreografía que desafía la naturaleza del pensamiento racional, cuando desenfundas tu lista de acciones por desarrollar en este aquí y ahora.

La satisfacción nunca es finita, porque siempre existe algo más que alcanzar, una nueva roca que elevar en el inframundo de la productividad personal. Cada proyecto es como esa enorme roca, que pesada hay que conducir a la cima, a la realización del éxito o a la desembocadura de nuevos proyectos que surgen por el camino. Sísifo lo tenía fácil en su empeño, una roca por trayecto, sin interrupciones ni distracciones, mientras que tu y yo, más mortales que productivos, nos sentimos acechados por el entorno que nos hace cambiar de proyecto y contexto.

Ahí es donde se pone a prueba nuestro sistema de productividad personal, los cambios nos afectaran en proporción inversa a como de fuerte sea nuestro sistema, pudiendo lucir capa y calzoncillos por fuera o suplantando al coyote en su último intento por atrapar al correcaminos. Tan fuerte serás, como tu engrasado esté tu sistema de productividad. No podrás hacer más de lo que te propongas, asúmelo, no eres un personaje de ficción, pero si que podrás realizar las acciones pertinentes para llegar a ser más de lo que antes podrías haber soñado. Esa es la fuerza de tu productividad personal.

Porque la productividad personal que nace de tus entrañas y se arraiga en tus músculos, la que en tu cerebro tiene hueco propio entre el frontal y el parietal, esa productividad personal que te acompaña en la monotonía de fregar los platos mientras discurres nuevas soluciones, es la única que te define como ente productivo, más allá de tamaños de listas y egos competitivos en círculos personales. Porque la productividad personal eres tú, en tu constancia diaria de bailar en los contextos.

Sísifo lo tenía fácil: una roca por vez, una ladera por escalar. Tu y yo moriremos, rabiando por dejar las listas igual de llenas.

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20150617 16:05

Lectura aproximada: 3:36

Bandera Pirata
 
No, en serio. Hay que matar a la productividad personal. Ya lleva demasiado tiempo entre nosotros y estamos abusando de su longevidad. Unos para beneficiarse económicamente, otros para ganar más rango social, otros para esconderse bajo las mesas no sea que les pille un arrebato de querer trabajar. Es un concepto que ya tuvo su gloria y que bien nos ha servido, pero ahora hay que matarlo.

Productividad, una palabra bien asociada al mundo de las fábricas, a la consecución de objetivos materiales a la tangibilidad de los objetos. Un concepto donde invariablemente el objetivo siempre acaba siendo monetario. Vale que la palabra agrada a todo aquel empresario que sonríe al imaginar dicha productividad dentro de sus casas y que puede ser uno de los pilares para que todo proyecto funcione, pero ya carece de fuerza en un mundo cada vez más dominado por la información, donde las barrera entre lo físico y lo virtual son cada vez más delgadas.

Personal, este es el envoltorio del caramelo. Como la productividad requiere un esfuerzo y este muchas veces no suele ser agradable, envolviéndole con un lazo de personal se intenta alejar la visión de la productividad y centrar el valor mucho más en la persona y no en el fin del proyecto, pues cuando damos importancia a la persona le estamos otorgando una autoestima para enfrentarse a los proyectos que de por si sola carece. Por eso, cuando haces las cosas personales, escondes la realidad con esas palmaditas de ánimo en la espada.

Si hay que matar a la productividad personal, hay que hacerlo ya. Cada día aparecen nuevos mutantes en el escenario, nuevas fórmulas magistrales que aprovechando el temporal crean nuevos paradigmas en nuestro día a día y nos nutren con herramientas y soluciones melosas que acaban por distanciarnos de nuestro objetivo real. Como las reglas del juego no están claras, van variando a medida que las modas van llegando. Nuestra base que hemos forjado en la madurez tiende a cuestionarse continuamente, debilitando nuestra columna de principios y por ende nuestra propia predisposición hacía los nuevos retos.

Deberíamos estar ya manejando términos mucho más emocionales que industriales. Por que en las emociones está nuestra forma de actuar en el mundo. Somos personas emocionales y nos movemos por lo que en cada momento sentimos. “Hoy estoy triste, procrastino. Hoy estoy feliz, procrastino. Hoy el niño se ha hecho daño, lo dejo todo para estar con él” y con eso no sólo causamos un caos interno, sino que conseguimos reflejarlo al exterior, cambiando las variables de interacción con el resto de vidas que deben compensar nuestros estados de ánimo, para poder alcanzar ellas mismas sus propios objetivos. La productividad personal es una cadena de emociones a las cuales nos enfrentamos en cada proyecto.

Deberíamos estar hablando de términos mucho más religiosos que técnicos. Porque nadie discute con la religión. La religión es un hecho consumado en el que sólo existen dos versiones, su aceptación o su negación, mientras que las medias tintas degeneran en otras religiones, que a su vez no se cuestionan. Cada religión tiene sus leyes ya escritas, lo único que hay que hacer es seguirlas al pie de la letra y ser fiel a sus principios. Luego esta agónica productividad personal, debería ser religión para su correcta ejecución desde la infancia y no una adopción por necesidad de crisis personal. Como religión se convierte en una fuerza interior.

Sigo sin entender cómo es que el término continúa en nuestro vocabulario. Hace tiempo que ya renegamos de la gestión del tiempo, hemos pasado por la gestión de los contextos. Poco a poco nos dirigimos hacia un verdadero control de la propia vida y aun así, somos incapaces de desprendernos de la productividad personal como algo intrínseco a lo externo, cuando está gritando desde dentro de nosotros. Quien no se escuche a sí mismo no puede encontrarse en dominio de su propia vida y mucho menos aspirar a una emocionalidad sincera.

La productividad personal es el lastre que te acompaña en cada fracaso y la bandera en fracasos ajenos. Es un falso control de nosotros mismos ante el circo de la vida. La productividad personal es un concepto que hay que enterrar pronto para poder evolucionar como personas y ya no aspirar a falsas metas que nos marcamos para medir nuestros egos antes los proyectos.

¡Muerte a la productividad personal!

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