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BlogRoll

20150617 16:05

Lectura aproximada: 3:36

Bandera Pirata
 
No, en serio. Hay que matar a la productividad personal. Ya lleva demasiado tiempo entre nosotros y estamos abusando de su longevidad. Unos para beneficiarse económicamente, otros para ganar más rango social, otros para esconderse bajo las mesas no sea que les pille un arrebato de querer trabajar. Es un concepto que ya tuvo su gloria y que bien nos ha servido, pero ahora hay que matarlo.

Productividad, una palabra bien asociada al mundo de las fábricas, a la consecución de objetivos materiales a la tangibilidad de los objetos. Un concepto donde invariablemente el objetivo siempre acaba siendo monetario. Vale que la palabra agrada a todo aquel empresario que sonríe al imaginar dicha productividad dentro de sus casas y que puede ser uno de los pilares para que todo proyecto funcione, pero ya carece de fuerza en un mundo cada vez más dominado por la información, donde las barrera entre lo físico y lo virtual son cada vez más delgadas.

Personal, este es el envoltorio del caramelo. Como la productividad requiere un esfuerzo y este muchas veces no suele ser agradable, envolviéndole con un lazo de personal se intenta alejar la visión de la productividad y centrar el valor mucho más en la persona y no en el fin del proyecto, pues cuando damos importancia a la persona le estamos otorgando una autoestima para enfrentarse a los proyectos que de por si sola carece. Por eso, cuando haces las cosas personales, escondes la realidad con esas palmaditas de ánimo en la espada.

Si hay que matar a la productividad personal, hay que hacerlo ya. Cada día aparecen nuevos mutantes en el escenario, nuevas fórmulas magistrales que aprovechando el temporal crean nuevos paradigmas en nuestro día a día y nos nutren con herramientas y soluciones melosas que acaban por distanciarnos de nuestro objetivo real. Como las reglas del juego no están claras, van variando a medida que las modas van llegando. Nuestra base que hemos forjado en la madurez tiende a cuestionarse continuamente, debilitando nuestra columna de principios y por ende nuestra propia predisposición hacía los nuevos retos.

Deberíamos estar ya manejando términos mucho más emocionales que industriales. Por que en las emociones está nuestra forma de actuar en el mundo. Somos personas emocionales y nos movemos por lo que en cada momento sentimos. “Hoy estoy triste, procrastino. Hoy estoy feliz, procrastino. Hoy el niño se ha hecho daño, lo dejo todo para estar con él” y con eso no sólo causamos un caos interno, sino que conseguimos reflejarlo al exterior, cambiando las variables de interacción con el resto de vidas que deben compensar nuestros estados de ánimo, para poder alcanzar ellas mismas sus propios objetivos. La productividad personal es una cadena de emociones a las cuales nos enfrentamos en cada proyecto.

Deberíamos estar hablando de términos mucho más religiosos que técnicos. Porque nadie discute con la religión. La religión es un hecho consumado en el que sólo existen dos versiones, su aceptación o su negación, mientras que las medias tintas degeneran en otras religiones, que a su vez no se cuestionan. Cada religión tiene sus leyes ya escritas, lo único que hay que hacer es seguirlas al pie de la letra y ser fiel a sus principios. Luego esta agónica productividad personal, debería ser religión para su correcta ejecución desde la infancia y no una adopción por necesidad de crisis personal. Como religión se convierte en una fuerza interior.

Sigo sin entender cómo es que el término continúa en nuestro vocabulario. Hace tiempo que ya renegamos de la gestión del tiempo, hemos pasado por la gestión de los contextos. Poco a poco nos dirigimos hacia un verdadero control de la propia vida y aun así, somos incapaces de desprendernos de la productividad personal como algo intrínseco a lo externo, cuando está gritando desde dentro de nosotros. Quien no se escuche a sí mismo no puede encontrarse en dominio de su propia vida y mucho menos aspirar a una emocionalidad sincera.

La productividad personal es el lastre que te acompaña en cada fracaso y la bandera en fracasos ajenos. Es un falso control de nosotros mismos ante el circo de la vida. La productividad personal es un concepto que hay que enterrar pronto para poder evolucionar como personas y ya no aspirar a falsas metas que nos marcamos para medir nuestros egos antes los proyectos.

¡Muerte a la productividad personal!

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Alargador
 
Es habitual, encontrarte en un proyecto con un nutrido equipo de personas. Diferentes culturas, diferentes formas de hacer las cosas, diferentes aspiraciones profesionales y al final, “””todos””” intentando remar en la misma dirección. Mientras unos gobiernan los remos, otros achican el agua. Es habitual, encontrarte en situaciones tensas dentro del proyecto, las cosas suelen acabar por descontrolarse, aparecen setas en lugares que no estaban previstos y Houston siempre comunica. Así que sigues achicando el agua, de la mejor forma que tu productividad te ha enseñado.

Es habitual que en uno de los descansos, ya sea de café, de comida, cena o desayuno, existan confesiones con referencias a familiares vivos o muertos, tanto del cliente como de compañeros del propio equipo. Ah! La familia! Esa que hace tiempo que no ves. En un momento de la conversación alguien menciona la #productividad como referente a la máxima salvación a la que necesita aspirar el proyecto y que durante el mismo ha jugado al escondite, venciendo mil veces por no encontrarla. Tu alzas las orejas y escuchas atentamente esperando que haya vida, más allá de lo que has visto.

Después de la palabra #productividad, normalmente comienza una confesión del punto de vista de lo que uno cree que es el orgasmo de la productividad y como aplicarla dentro del proyecto. En el discurso, siempre sobrevuela alguna herramienta tecnológica coronada como el arca de la profecía, que traerá la luz y el bien al proyecto, terminara con las plagas de las incidencias y la documentación se hará sola. En Wallstreet las acciones del lápiz y el papel descienden 20 puntos. Atento sigues escuchando, pero ves que lo que parecía signos de vida no es más que una repetición propagandística de algo que ha visto o leído, pero que no aplica para si mismo.

“¿Cómo se llama tu método de productividad personal?” Mierda! Esas han sido tus palabras y lo has dicho en voz alta. Aún está cicatrizando del último desengaño productivo y ya te quieres liar con otro. Silencio = pausa dramática según el aforo. Aquí viene la respuesta, mientras ves como se enciende el piloto de seguridad “Fasten your seat belts”: “Yo tengo mi propio método de productividad personal que he adaptado gracias al programa XXXXXX lo tengo todo en realtime y blablabla blabla blablabla” finges más interese mientras paladeas el café de la máquina, hoy sigue igual de asqueroso.

El silencio te avisa de que ya ha acabado su exposición y espera una señal de aprobación y/o reconocimiento. Se nota que quiere seguir hablando, así que dejas ir el sedal: “Genial, en tu casa ¿cuantas bandejas de entrada utilizas?” Recoges un poco de sedal y continuas “porque imagino que este método también lo aplicas a tu vida personal”. Es algo que sigo sin entender, todo el mundo se siente productivo en su lugar de trabajo, es profesional al tres mil por cien, pero luego, cuando se aleja dos pasos de su círculo laboral se transforma en otro ser completamente diferente, porque claro, la productividad es un término laboral que sólo debe aplicarse en el ámbito profesional, nunca en lo personal. Ya casi te sabes la respuesta de memoria: “¡No hombre! En casa no puedo aplicar este mega programa XXXXXXX porque sólo sirve para proyectos grandes como este, es colaborativo, tiene su propia intranet social, mide los tiempos en que estás en cada aplicación y blablabla blabla blablabla”.

Llegados a este punto hay dos formas de actuar, la valiente y la que te endiosará como el más friki de la oficina (si aún no lo eras) y revelar tu sistema de productividad que si que tiene unos resultados constatados a nivel de plan estratégico de la propia vida, indiferentemente del contexto en el cual te encuentres o el plan que a mi me gusta llamar WOPR (ref. War Games): “Strange game. The only winning move is not to play”. No obstante siempre acabas por ceder y nombras GTD como tu sistema de productividad personal y añades que le mandarás por correo unos links para que pueda informarse de lo que es un sistema de productividad personal. Con suerte y siempre la hay, algún otro te pide que le pongas en copia de ese correo, porque al fin y al cabo, hay vida allí afuera. (Nota: Soy de los que piensa que la productividad no puede eseñarse si uno no está dispuesta a hacer duros cambios en su vida).

Odio comparar sistemas de productividad personal, hay muchos en el mercado, todos con sus más y sus menos. Muchos soportados en redes tecnológicas con un target muy específico de mercado. Otros basados en sistemas obsoletos de gestión del tiempo, casi todos centrados en controlar tu vida profesional, como si tu vida personal fuese un placentero paraíso. La mayoría acaba readaptando el método a sus necesidades, creando un ogro mutante destinando a diluirse con las modas tecnológicas y aun así lo van profetizando, para vete tú a saber si adquirir nuevos superpoderes sociales.

En fin, para consuelo nos queda pensar que el tamaño no importa (céntrate, estamos hablando de métodos de productividad personal) lo importante es lo que hacemos con la productividad personal y cómo resolvemos nuestra vida con ella.

1 comentarios

20140306 15:38

Lectura aproximada: 1:38

Cuando uno se acomoda a su sistema de productividad, las acciones lo ponen a prueba. Estamos acostumbrados a nuestras rutinas, disponemos de pautas que hemos conseguido arraigar con esfuerzo y paciencia, felices de nuestra eficacia y eficiencia nos estancamos en la productividad diaria. Sin esperarlo ni pretenderlo, las aguas se agitan y todo comienza a cambiar.

Existe un momento de estrés, donde todo se viene abajo, algo no planificado invade nuestra rutina. Con sencillos movimientos acostumbrados, recopilamos, procesamos y organizamos, esto nos devuelve el control de las acciones y del contexto, pero sabiendo que todo comenzará a cambiar. Nuestro sistema de productividad comienza a renquear, hay que comenzar a reeducarnos y aprender de nuevo como salir invictos de los movimientos.

La base se transforma en algo lejano, su acceso puede verse limitado en espacio y tiempo, sin nuestro entorno habitual, somos capaces de coartar nuestra productividad y reiniciar un proceso que ya teníamos aprendido, con la falsa premisa de que la productividad son las herramientas que nos rodea y el entorno en el que nos movemos.

El movimiento implica reacción y nuestro sistema de productividad debe fluir con nosotros y no a la inversa. Con ello no pretendo planificar hasta la extenuación los escenarios en los que nuestra productividad será puesta a prueba, pero nuestro sistema debe acompañarnos como una extensión y no un lastre de nuestro viaje.

Las modas y el tiempo influyen en nuestra productividad, pero tener claro sus principios hará que los grandes cambios sean pequeñas incidencias. El principio debe ser claro “La productividad es uno mismo aquí y ahora” el sistema tiene que complementarnos en cualquiera de nuestros contextos y seguir siendo útiles allí donde vayamos.

Aferrarse a lo que estrictamente hemos implementado provocará con la misma fuerza proporcional al estrés generado por los cambios y cuando uno es productivo es capaz de ver los cambios, no sólo aquellos que nacen en nosotros, sino los que por interacción personal nos empujan. Esos cambios no deben interferir en nuestro sistema, tal vez hacerlo madurar sin perder sus directivas, porque nuestro sistema es lo que nosotros somos en cada momento.

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20130314 07:00

Lectura aproximada: 3:34

Alarma
Foto de darrendean
En el mundo de la informática, un proxy es una pieza de software habitual que está pensada para hacer de intermediario entre las diferentes peticiones de una red. Esto suele ser una medida de seguridad para la propia red que bloquea y altera el tráfico saliente, mientras que al mismo tiempo proporciona velocidad al ofrecer una información que ya ha sido demandada con anterioridad, conociéndose esto como un servicio de caché. No confundir con un firewall, ambos tienen utilidades diferentes.

El mundo de internet está plagado de proxies, desde que la comunicación sale de tu ordenador, pasando por tu ruoter y mezclándose en la intranet de tu operador, hasta que sale verdaderamente a la deepnet, puede haber pasado por varios de estás máquinas de forma totalmente transparente para nosotros y que al final nos puede devolver (casi) la mismas información.

Quien está en una mediana o gran empresa sabe de la presencia del proxy por el acceso limitado que tiene a ciertas páginas de internet, por ejemplo los sitios de redes sociales. Donde si accedes desde tu intranet al segundo te responde el proxy con una página de bloqueo o a medida que vas navegando, vas viendo como la página que visitas tiene bloques censurados por el proxy.

La presencia de un proxy indica que hay alguien al otro lado que está monitorizando las webs que se suelen visitar y periódicamente van siendo limitadas a medida que el paquete de software se actualiza o un bofh va teniendo horas muertas. Muchas de esas limitaciones son injustas y debes pasar cierto protocolo para poder acceder a la página: llenar el formulario modelo E-467, que tu superior directo lo compulse, que el superior de tu superior lo ratifique con una firma, adjuntar una muestra de orina, una declaración jurada y finalmente presentarlo al director de recursos humanos que valorará tu petición. Con suerte, si demuestras que tu petición está en concordancia con tu trabajo, se habilitará esa página web (eso no significa que con el tiempo la vuelvan a bloquear y tengas que presentar de nuevo otra muestra de orina).

Los bloqueos de este tipo siempre me han resultado curiosos, siempre que exista una prohibición se crea una oscura necesidad de saltarse esa prohibición y ya sea utilizando servicios de navegación anónima, tuneles ssh, hotspots o aircrack, uno acaba por acceder o lo que quiere acceder. La informática me ha enseñado que el límite está en tus conocimientos actuales.

Así que desde aquí propongo a los creadores de proxies o diseñadores de páginas para proxies, ser un poco más creativos para ofrecer este servicio. Cambiar la página de bloqueo y que sea dinámica y en vez de ofrecer mensajes atemorizadores, dar al usuario una razón para pensar si el bloqueo es realmente necesario. En vez de mostrar un “Página bloqueada, en breve recibirá una llamada de RR.HH.” o “Esta página (www.google.com) a sido bloqueada porque inducía a buscar”, innovar y ofrecer mensajes del tipo:

“¿Estás seguro que deberías acceder a esta página en tu horario profesional?”

“Revisa la agenda, la lista de tareas, los correos, debes tener algo por desbloquear aún.”

“Si procrastinas tus tareas accediendo a esta página, tu trabajo se resentirá”

“Antes de acceder a esta página, revisa que no tengas una llamada que hacer”

“En tu cliente de correo, tienes algún correo que no has contestado, este sería un buen momento”

“Esta página está bloqueada, pero se desbloqueará durante cinco minutos, una vez por día para que puedas acceder”

“Procrastinar en el trabajo es normal, pero deberías afrontarlo y seguir avanzando en los proyectos”

“Esta web está bloqueada, pero te recomendamos estas lecturas para que procrastines a gusto [enlaces a artículos relacionados con el trabajo]

Bueno, supongo que es sólo una idea, que un software que teóricamente te está amargando la navegación pueda animarte a realizar ciertas cosas, incluso a enseñarte en un tiempo en el que estabas dispuesto a procrastinar SI o SI y que acabarás haciendo porque accederás a otra página que aún no han detectado.

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20130201 07:00
,
Lectura aproximada: 0:45

MindMap
Tal como expliqué en el post Repositorio de Rutinas GTD hoy quiero compartir con vosotros mi mapa mental que utilizo para realizar mi revisión semanal. Con él disparo las acciones y trabajo la agenda para que todo salga bien. Este es un mapa mental ampliable y mejorable, que espero que os pueda ser de utilidad. Utilizarlo y modificarlo a vuestro gusto y necesidad.

La herramienta utilizada es XMind, disponible para Linux, Mac y Windows, con diferentes tipos de licencia.

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