'Nada que hacer'
Hoy es jueves, estoy sentado en la oficina y me encuentro mirando el ajetreo que hay en la oficina, como los compañeros van y vienen, como algunos hablan airados por teléfono mientras otros comentan la última película que vieron ayer. Todo el mundo está “trabajando” a diferente nivel, mientras uno se encuentra contemplando la fauna y sus interacciones.
Abro el navegador y accedo a un buscador, introduzco un par de palabras y acabo encontrándome leyendo un artículo que ni me interesa pero que me ha llamado la atención, mientras el cliente de correo me interrumpe, ha llegado un mail de esos tan emocionantes que si no lo mando seguro que tengo siete vidas de mala suerte, estoy en obligación moral de compartir con mis compañeros y allegados parte de la basura.
Suena el teléfono, es un viejo conocido y entre broma y broma, configuración de máquina y resolución de las vacaciones ya llevamos quince minutos de teléfono, todo un alarde de pasatiempos que tal vez haya afianzado el lazo, pero que ha robado treinta minutos en total, repartidos a partes iguales por el hilo telefónico.
El día va pasando y justo me doy cuenta que es la hora de tomar el café, un compañero ya señala el reloj indicando la necesidad de la pausa, debo colgar el teléfono y coger la cartera, hoy hace un bonito día de verano para disfrutarlo en la terraza, porque entre el café, la pasta, las chicas que van pasando por la terraza y el solecito nos tiramos la media hora que decimos que siempre vamos a recuperar y que nunca más recordaremos.
Ahora por fin, ya ha llegado el momento de trabajar, apenas son las once y media y la pasta está siendo digerida por mi estómago, me conecto a internet un rato para ver cuántas calorías he consumido y fustigarme en mi mente mientras pienso que me apetece hoy para comer. Lástima de la reunión que me han puesto justo ahora, cuando podría echar un poco de siesta.
El día pasa y las horas cada vez van más lentas. No tengo nada que hacer y todas las neuronas están en huelga de verano, si no hay trabajo ¿Porque he venido hoy a trabajar? Al menos he salido de casa y he pisado el calor, me distraigo viendo a las hormiguitas y sus labores.
No hay nada que hacer.
Este relato ficticio es una de las realidades más comunes en muchas vidas, el sentimiento de que existe poco trabajo o incluso nada es una sensación que hemos sentido muchas veces, cuando en realidad nuestro perdido día está acumulando horas que luego cuando se acerque la fecha de vencimiento necesitaremos. Somos maestros en el arte de procrastinar, lo hemos elevado a tal nivel que nadie nos puede superar, saciándonos con la idea de que no tenemos nada que hacer, viendo que ya lo hemos hecho todo.
Una mentira que nos permite convencernos de nuestro nivel de razón sobre las no acciones que estamos llevando a cabo, para disfrutar de un tiempo que se está escapando mientras le saludamos con la mano a modo de despedida.
Si no tienes nada que hacer, si realmente no tienes nada que hacer, si estas plena y absolutamente convencido de que no tienes nada que hacer, es que estas completamente equivocado. Discúlpame la bofetada, pero es necesaria para devolverte a la realidad y que veas que estas naufragando en tu propia realidad.
Lo más sencillo, para darte cuenta del tamaño de tu error, es realizar una revisión (semanal), buscar en tus listas, en tus proyectos, en tus acciones siguientes, en tus bandejas de entrada todas las cosas que estas dejando de hacer y todo el tiempo que necesitaras después de darte cuenta de que lo has perdido.
No tener nada que hacer es una utopía, propia del caos o la procrastinación que reinan en tu vida.
'Dejadez'
Últimamente me estoy dando cuenta que estoy dejando de lado un poco el GTD, parece como el método ortodoxo que estaba siguiendo se está reblandeciendo un poco, tal vez el efecto del verano, la enfermedad post-vacaciones o alguna lección hacia otros está debilitando mi rutina.
No ha sido un abandono por completo, pero sí que poco a poco hay tareas que se han ido resintiendo de la falta de actuación. Afortunadamente se refleja más en la vida privada que en la profesional y revisando las tareas pendientes he podido salvar aquellas que pertenecen al ámbito profesional.
Donde más lo he notado ha sido en casa, donde las cosas se almacenan repartidas por toda la bandeja de entrada que es la casa misma. He perdido la costumbre que tenía de realizar las tareas en el momento adecuado y tal vez porque asumí el rol de máximo mantenimiento del hogar, ahora se nota la falta de esa decisión. Puede que haya sido un cambio de responsabilidad entre la propia pareja, sin que haya respetado la parte propia.
Se acumulan las cosas sobre las mesas, los juguetes de Lucca están disponibles en toda la casa, los pocos platos de la cena se acumulan por un par de días, la cama no se hace por la mañana, etc. Todos esos detalles que tenía perfectamente controlado ahora viven en el limbo del recuerdo, sin su dueño habitual a merced de su albedrio en espacio-tiempo, que parece dilatarse o al menos hasta esta declaración de intenciones, en lo que a flexibilidad de GTD se refiere.
Voy a tomar de nuevo el control domestico e investigar con más calma si es cierto o no que el ámbito profesional está libre de procrastinación, porque tal vez me esté autoengañando en una falsa imagen de autosatisfacción. Escribo este post como confesión de culpa y remordimiento por perder la senda del GTD en la parte domestica, ya es hora de quitarme el chip vacacional hotelero y acceder de nuevo al archivo para recuperar esos proyectos que solía realizar en casa.
'¿Eres Feliz?'
Esta es una de las más complejas preguntas que nos podemos hacer. Responderla es todo un ejercicio de sinceridad, de consulta interior y de un análisis de todo lo que nos rodea y nos crea como personas. Aún así, como autómatas facilitamos una de las dos respuestas posibles, dependiendo del interlocutor que nos la plantea, pero cuando la pregunta nos la hacemos nosotros mismos, somos capaces de saber si realmente somos felices y a qué nivel de felicidad estamos.
Podemos tener diferentes valores para medir nuestra felicidad: el más sencillo es por posesiones: cuantas más cosas posees más feliz de puedes sentir (aunque el bucle vicioso de querer más cosas nos cree una dependencia y un efecto secundario. Las relaciones personales son un buen nivel de estado de nuestra felicidad, físicamente nos encontramos bien, nuestros familiares más cercanos se encuentra bien, luego soy feliz porque lo material no afecta a nuestras vida. Siguiendo por ese camino podemos utilizar la pirámide de Maslow para determinar en qué punto de nuestra felicidad nos encontramos: ¿Fisiológica? ¿Seguridad? ¿Afiliación? ¿Reconocimiento? ¿Autorrealización? Una evolución personal que nos conduce a una felicidad en base a una construcción.
Aun así entendemos la felicidad como un estado momentáneo de nuestra vida, dónde nos sentimos en armonía con lo que nos rodea, desde dentro hacia fuera, dependiendo muchas veces de las variables que empujan en diferentes direcciones haciéndonos pasar por esos momentos, pero sin dejarnos quedar el tiempo suficiente para aprovecharlo.
Por ello, hay que conocer nuestra felicidad y averiguar qué es lo que hace que aparezca. Aquí nos encontramos en los dos estados: una felicidad creada por nosotros mismos y una felicidad externa que proviene de actuaciones de terceras personas, muchas de las cuales no tenemos el control. Si nuestro equipo deportivo es capaz de ganar un campeonato, sentimos euforia y lo apreciamos como un estado de felicidad, si nuestro niño de dos años nos dice que nos quiere, si somos capaces de conseguir el muñeco fetiche para acabar la colección de esa serie televisiva. Innumerables momentos que se crean y se desvanecen, muchas veces sin poder apreciarlos.
Hay que comenzar por el nivel más básico: uno mismo. La felicidad que nosotros somos capaces de construir es la más sólida y segura que siempre tendremos a mano. GTD es una magnífica herramienta que nos empuja a superarnos y la felicidad es uno de los proyectos que podemos incluir en nuestra lista de tareas. No hay que olvidar que el sistema GTD se sustenta en determinados niveles de altura que nos permiten abstraernos de lo cotidiano para guiar nuestros objetivos y nuestra vida, aunque siempre nos encontramos sumergidos en la pista de aterrizaje, hay que elevarse en la revisión semanal para encontrar la persona y las necesidades que tenemos, como resultado crearemos un dosis de felicidad.
La felicidad como proyecto, a largo plazo tal vez, que dure toda nuestra vida o en su defecto hasta que terminemos nuestra adicción por el GTD, con sus tareas siguientes, con sus recordatorios, con su archivo para volver a recrearnos en ella. Un proyecto que podremos ir modelando a diario y conquistando muy de tanto en tanto, seamos realistas.
Si utilizas el GTD para ser feliz, sólo tendrás que recopilar la información de tu felicidad, momentos pasados que te han aportado y que has construido para crear felicidad, así como aquellos que “algún día/quizá” lograrás encontrar. Procesarlos y decidir qué hacer con cada uno de esos recuerdos o cosas ¿podemos iniciar nuestra felicidad en este mismo instante en menos de dos minutos? O ¿mejor lo organizamos y lo añadimos en los diferentes contextos? Haz felicidad, suena estúpido, pero si te paras a pensar puedes hacer felicidad no sólo la propia, si no la de terceras personas que se cruzan en tu vida. Finalmente, revisa tu estado anímico y cómo puedes cambiarlo, añade acciones siguientes, crea subproyectos, dedica tiempo a buscar esa felicidad.
GTD es una navaja suiza en toda regla que se expande más allá de los términos empresariales, usar de una forma u otra es cuestión de aplicar su plena filosofía.
'Deber querer'
Los proyectos y las tareas caen en nuestras vidas de forma arbitraria y a veces por caminos realmente tortuosos, sea por su peso o por su denominación muchas de esas acciones siguientes las denominamos trabajo, mientras que otras son proyectos personales. El ocio es un mundo aparte que no tiene proyecto ni tampoco tiempo. De todas esas acciones somos candidatos por creación o elección, pero en definitiva somos las persona más indicada para realizarlas, aunque a veces nos cueste horrores creerlo.
Cuando comienza la tarea, tenemos que afrontarla en el escritorio con todas nuestras herramientas, desde una sencilla llamada de teléfono, hasta la composición de un mapa mental o tal vez la creación de otro subproyecto mientras que en nuestra consciencia estalla las palabras: “No quiero hacerlo”.
Esta sencilla y desalentadora frase es capaz de derrumbarnos a favor de la procrastinación, dejándonos llevar por meras distracciones. Somos víctimas de nuestro propio sabotaje, viendo como va pasando el tiempo por no querer realizar la tarea, por que a veces de forma justa, ese trabajo no nos pertoca y por lo tanto viene impuesto por una jerarquía superior o una error que hay que solucionar. Es un campo ideal para procrastinar. Por ello, las tareas deben vencerse con las armas más adecuadas y sobretodo abusando de todo lo que nos ha enseñado GTD.
Si algo nos ha enseñado GTD es como aceptar las tareas y como podemos rechazarlas con elegancia, hemos de ser conscientes de lo que aceptamos y de los resultados que pueden esperar de nosotros. Siempre debemos plantearnos la posibilidad de rechazar esa nueva tarea en pro de una persona más adecuada. Rechazar no es un acto de evasión, sino un acto que comporta preocupación y revisión de nuestro trabajo. Es posible que nuestra propia saturación nos obligue a no afrontar nuevas tareas, que nuestra planificación nos indique que existen otros temas más importantes que debemos realizar. Nos preocupamos por las necesidades de los demás, pero hemos de ser consciente que nuestro trabajo, aunque no será perfecto, requiere nuestro compromiso entero. Rechazar la tarea es un acto de profesionalidad.
Pero muchas veces nos encontramos que por elección directa somos los responsables de esa nueva tarea ineludible, que es posible que haya pasado por otras manos y con escaso plazo de tiempo para terminarla. Rechazarla resulta inútil, aun exponiendo toda nuestra saturación, toda nuestra revisión y los demás proyecto que claman airados nuestro tiempo, aceptarla es una cuestión de si o si. ¿Recuerdas haber leído el cartel del campo que decía “Campo de minas”?
Deber
No nos queda otro remedio, debemos realizar la tarea. Suena así de fuerte: debemos. Imperativo, innegociable, sin posibilidad de escape. Son palabras que resuenan en nuestra cabeza, mientras las trompetas de la caballería procrastinación suenan a ritmo de la distracción. Nos hemos metido de lleno en algo que no queremos realizar, que no sabemos por dónde cogerlo y por lo tanto nos puede inducir al pánico profesional y a la inapetencia.
El deber nos es nuestro compañero, sino ese látigo que nos fustiga de vez en cuando para desmoralizarnos.
Por ello, hay que cambiar el paradigma. Ya que hemos sido víctimas de la tarea, hagamos de esta parte del sistema y reflejémosla como lo que es: una cosa más en nuestra bandeja de entrada. Si realizamos todo el proceso de recopilar, procesarla, organizarla y hacer, el trabajo se convierte en un juego de pasos, que ya tenemos sumamente aprendidos y que comienzan a aparecer como algo visceral.
Querer
Cambiar el término deber por querer, es un alentador soplo de energía que nos empuja: “Yo quiero hacer esto”, focalizándote en el objetivo final, viendo como la tarea termina. Sólo hay que construir los primeros escalones con las tareas siguientes y conseguir que nuestra mente deje de pensar en obligaciones, en imposiciones, en delegaciones y pensar en positivo, asumiendo nuevas opciones y caminos para terminar con éxito los trabajos más molestos.
No existen tareas molestas, sino tareas que hay que hacerlas y para hacerlas hemos de “querer” hacerlas, tal vez de no muy buen grado, pero si con la vista fijada en todo lo que hemos aprendido desde el inicio y como lo vamos a utilizar para terminar esta tarea. Ya lo dice el refrán: “Querer es poder” y si quieres, puedes superarte en cada reto, en cada proyecto, en cada tarea.
'Exceso de confianza'
Normalmente cuando delegas una tarea, siempre es porque has descubierto que tu no eres la persona adecuada para hacerlo o que estas demasiado ocupado para hacerla y optas por que otra persona realice el trabajo. Delegar es todo un acto de confianza y de honestidad, pasando el desarrollo de las tareas a lo desconocido pero estableciendo un lazo de confianza entre los interlocutores.
Uno tiene que saber a quien delega y que es lo que delega, todo un arte laboral, siempre y cuando se delegue de una forma ética y no delegando marrones. Siempre hemos de encontrar la persona con disposición y capacitación para que pueda realizar la tarea con todas la herramientas necesaria, incluso ofreciéndole un abanico de herramientas.
Aun así, delegar no significa olvidarse de la tarea, si no que pasa a un segundo paso dentro de nuestras listas y pasaría a formar parte de la lista de delegación. Una lista que igualmente hemos de revisar de forma periódica dándole la importancia que se merece, tal como si la tarea la estuviésemos realizando nosotros mismos, por que al fin y al cabo delegamos un trabajo, no la responsabilidad. Por ello es vital seguir las mismas pautas y si cabe aun, establecer diferentes puntos de control extras a los ya conocidos.
Y escribo todo esto con efecto de causa, pues he sido víctima de mi propia confianza sobre los demás relajando el propio sistema de alerta por algo más flexible que lo único que ha hecho ha sido meterme en más problemas. La tarea que he delegado no se ha realizado con la perfección que debería y la consecuencia ha sido una falta de información que ha afectado a la consecución de la misma y por lo tanto a una perdida de profesionalidad por mi parte, por que no olvidemos que la responsabilidad continua siendo mía.
De este trabajo “mal acabado” va a salir una lección bien aprendida, la confianza tiene que limitarse y controlarse con un buen cordel, para estirarla cuando intenta escaparse y de esta forma conseguir dominar todo lo que está pasando y deja de pasar. Cuando uno tiene unos niveles altos de calidad y de seguimiento, la relajación de esas variables sólo consigue mermar su propio trabajo, su reputación y autoestima. Eso es lo que he conseguido por no realizar el seguimiento como suelo hacerlo, dejándome seducir por la confianza y por la buena fea de los demás, si deben culparme por los errores que sea míos, pero no me gusta asumir los de los demás, por ello, la culpa es sólo mía.
Esto no va a impedir que siga delegando, lo único que me alecciona es que los niveles de seguimiento tienen que ser para todos iguales, sin importar el nivel del círculo de intimidad que se encuentren en relación con mi vida. No me mal interpretéis, no busco la perfección, sólo deseo que las tareas se realicen de la mejor forma posible y correctamente.
De momento, tengo un problema que asumir y nuevas alertas que preparar. No os confiéis mucho.
'¿Ese bulto del pantalón es que te alegras de verme?'
Hace como cinco veranos, tirado en medio de la playa me encontraba yo leyendo un artículo de una de esas revistas masculinas que te suele comprar tu esposa de forma atípica. Para los malpensado indicar que el nombre de la revista era: “Men's Health”. Uno de sus artículos me llamó poderosamente la atención y lo convertí en un auténtico hábito.
El artículo trataba de bultos en el pantalón. Algo que o se supera o se acepta, pero normalmente para el ser humano varón es un tema que suele tratar con relativa importancia. Un bulto en el pantalón en determinados momentos puede ser beneficioso, dos bultos ya es considerado al raro y de mal gusto. El artículo trataba sencillamente de ese segundo bulto el pantalón, que siempre afea y delata: la cartera.
La carta o billetera es un contenedor que siempre nos acompaña e instintivamente siempre la introducimos en uno de esos bolsillos frontales de nuestro pantalón, aunque muchos temerarios con los tiempos que corren aun suelen utilizar bolsillos posteriores. La cartera es ese segundo bulto que rompe grotescamente la línea de nuestro pantalón.
Para ello, lo ideal es transformar ese porta identidades en una herramienta útil y eficaz y no una simple bandeja de entrada como lo que muchos llevan en la actualidad. Para ello bastará con GTDear la propia cartera y el paso más sencillo para ello es comenzar por el principio.
Recopilar
Volcaremos de forma entera el contenido de la cartera en una bandeja de entrada propia de GTD.Procesar
Desde el primero hasta el último iremos seleccionando los documentos y analizando cuál es su utilidad. Si requiere alguna acción, no debería estar en la cartera, deberás meterlo en otra bandeja de entrada más apropiada. Si no es alguna de las siguientes cosas ya puedes tirarlo:Unidades económicas a ser posible en formato papel, las monedas podemos desecharlas en un portamonedas o acumularlas hasta poder cambiarlas por formato papel. En el caso de que sea necesario llevar monedas, quitaremos los céntimos y llevaremos aquellas monedas de rango entero.
Cosas identificativas comunes, todas aquellas tarjetas de identidad que utilizamos a diario como puede ser: identificación nacional, identificación del trabajo o estudios, licencia de conducir y nada más. El carné el videoclub, el de descuento de la librería, del supermercado, de repostar energía de locomoción, esos que no se utilizan a diario debe ir fuera, hay que almacenarlos en los lugares donde los vamos a necesitar y cuando lo vamos a necesitar incorporarlo a nuestro equipaje, para utilizarlo y dejarlo de nuevo en su sitio.
Tarjetas de plásticosólo hay que llevar las potenciales, las que utilizamos a diario para comprar a ser posible sólo un par de ellas de diferentes entidades bancarias.
El resto de elementos los hemos de organizar fuera de nuestra cartera o billetera, por ejemplo:
Tickets, recibos, facturas, resguardos. Todos ellos caerán en una bandeja de entrada, nunca en la billetera, Ya llegará su tiempo de procesarlos.
Tarjetas de visita y de propaganda, tienen que ser introducidas en nuestros contactos electrónicos lo más rápido posible, donde estarán al alcance de nuestros dedos. Utiliza la bandeja de entrada que estés más habituado, no la cartera.
Las fotos de la familia, mascotas o exnovi@s, todas esas fotos hay que meterlas en los dispositivos digitales, por ejemplo nuestra PDA o teléfono móvil.
Organizar
No hay nada que organizar, lo que no cumple lo anterior no debería estar en tu cartera. Pero si aun así quieres organizar, utiliza el sentido común, los billetes con los billetes (ordenados por colores, tamaños o importancia, al gusto), las monedas con las monedas, cuantas menos mejor. Las tarjetas de plástico en los bolsillos destinados a ella (por orden de utilización, colores, al gusto). Las tarjetas de identificación igualmente agrupadas.Hacer
Poca cosa hay que hacer, salvo meterlo todo de nuevo en la cartera bien organizadoRevisión semanal
Hasta que no hayamos aprendido el nuevo hábito, la cartera es uno de los elementos que hemos de revisar periódicamente, para garantizar que todo lo anterior se sigue.Con esto conseguimos adelgazar el nivel de nuestra cartera y repartir todas las 'cosas' allí done pertenecen que muchas veces es la papelera. Esta es una sencilla forma de GTDear nuestra economía y conseguir descargar la cartera o billetera para que de esa forma se siga llamando como la bautizamos, nunca como bandeja de entrada.
Al finalizar veremos que la línea de nuestro pantalón es suave y recta, sin bultos extraños que mostrar.
'Compartiendoproyecto.com'
Hace cosas de unos post, publiqué un artículo sobre el estado de mis compromisos públicos, algo así como un debate de la nación entre mi conciencia y mi razón, una lucha desigual en toda regla. Fruto de ese artículo, nació un nuevo proyecto que hoy traigo a la luz.
El proyecto es el esfuerzo de una colaboración y de unas ganas de seguir progresando entre Daniel Aguayo y Lluís Lázaro, que nos hemos comprometido públicamente compartiendo un proyecto.
Compartiendoproyecto.com nace de la idea de agrupar proyecto colaborativos entre personas “virtuales”, aportando experiencias propias, ideas, métodos en un mismo espacio, desde el lado más humano. Consiguiendo alcanzar metas de forma individual, pero con el empuje del grupo.
Actualmente, el principal proyecto lo hemos llamado egoístamente báscula y es la razón principal que nos empuja a los tres. El proyecto está abierto a todo aquél que quiera participar en cualquiera de sus formas: leyendo, escribiendo comentarios o publicando post. No hay que decir, que si tienes un proyecto y quieres compartirlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
Compartiendoproyecto.com
'Analisis de la maleta'
Si algo he aprendido estas vacaciones es que el mundo GTD siempre está discutido con el mundo noGTD. Mientras uno trabaja y planifica en un orden determinado el otro intenta aportar el caos. La vida en pareja es así de compleja.
Una sencilla tarea como puede ser la creación de la maleta se convierte en algo complicado. Como GTDista ordeno todo lo que puedo necesitar para esos días: camisetas, pantalones, ropa interior, enseres personales. Todo en un número determinado de elementos para controlar el espacio en la maleta, así como lo disponibilidad de los elementos en el transcurso de las vacaciones.
Por otro lado, el lado oscuro con un 70% de la maleta disponible, la llena en un abrir y cerrar de ojos, ocupando todo el espacio disponible. La ropa cae a montón, sin importar el orden o la dependencia utilizando la regla del "y/por sí". Algo que en un principio no mi importa, pues es su elección, aunque me tocará a mi cargarla.
No obstante en el momento de utilizar los elementos de forma diaria nos encontramos que mientras el lado GTDista es capaz de utilizar y reciclar los elementos, utilizando un 90% de los elementos, la otra parte repite de forma aleatoria los elementos, dejando almacenando en los cajones parte de la ropa que no utiliza, llegando a escuchar dos frases típicas:
-Estoy segura de haber traído los pantalones
-No se para que he traído tanta ropa.
Dos fulminantes frases que responden al orden interno de elecciones y a una mala planificación de los recursos a utilizar, ya que una correcta planificación hubiese reducido de forma considerable la cantidad de elementos a transportar.
El GTD está reñido incluso en vacaciones, aun así hay que aceptarlo. Recuerda que cada proyecto, puede ser una maleta.
'Reentrada de las vacaciones'
Después de todo este tiempo de vacaciones, debo volver a comenzar a realizar las tareas diarias, volver a la rutinas y a los Problemas que han aparecido durante todo este tiempo, ausente de responsabilidades salvo ver pasar el sol y la luna en el descanso.
Lo malo de estas vacaciones es que no he estado completamente ausente y día si y día también comprobaba el estado de los proyectos así como el estado del departamento, que aunque se que pueden sobrevivir perfectamente sin mí, creo que es mi responsabilidad dedicar un tiempo mínimo al avance y las cosas que ocurren en ellos.
Desconectar totalmente es una premisa que hacía en el pasado, ahora mis compromisos deben tener una vida continuada incluso cuando yo no estoy, pero tal vez mi adicción al GTD me obliga a estar constantemente en contacto y gestionando las tareas, porque aunque las vacaciones sirvan para descansar y recuperar energías, mi sistema reclama una y otra vez mi atención.
Por ello, el correo electrónico y las herramientas de mi trabajo diario han sido claves para gestionarlo todo y de esta forma, ahora que entro de nuevo en la rutina diaria veo como que no tengo que reaprender nada de lo olvidado, lo tengo todo bien fresco en las listas y simplemente debo echar un vistazo a mi listas de tareas y a mis proyectos.
Tal vez sea un adicto, pero la reentrada no es tan dura como otros años.






















